14 jun. 2016

AHORA QUE TU NOMBRE NO EXISTE

Me ahoga el falso sosiego
de los días sin verte,
frío recuerdo inerte
por el que siempre navego.

Absurdo viaje la vida,
cuando presientes la muerte
escarchando el presente
sin más razón, sin salida.

Ahora que tu nombre no existe,
las flores hoy cubren tu pelo,
crecen en el pecho raíces
que hilvanan en mi cuerpo hielo.

Adiós, mi verdad, mi fracaso,
tus manos hoy serán mi guía.
Ya llega tu paz, nuestro ocaso,
Adiós a tu voz y a mi vida.

11 jun. 2016

MI CUERPO EN LLAGAS.

Estoy coleccionando miradas, retales de piel que cortan y dejan en carne muerta mi vida, mi cuerpo en llagas.
Déjenme sobrevolar las calles, buscar pedazos de vida en otros versos, quedarme prendada y prendida de vidas ajenas, como si algún día fueran a ser propias.
No se me permite más opción que la elección, nadie comprende que estamos hechos a partes y aparte. Querer vivir así supone autoexiliarse, andar fuera de los límites, quedarse siempre al margen.
Nadie comprende que hay demasiada vida en los lugares, en los objetos, en las personas, para la elección.
Permítanme elegir la vida, no hacerlo sería autodestruirse. Seleccionar es desprenderse de uno mismo, borrar trazos de lo que fuiste, eres y serás.
Yo quiero vivirme entera, saberme llena de mí, de vida; aún si debo proclamarme funambulista eterna.

10 jun. 2016

(MAL)VIVIR.

Me ahogo. 
Entre las cuatro paredes de esta ciudad gris, entre la niebla de este cuarto que sabe a versos releídos. 
Me asfixian los pasos que di y los que doy, me repite el presente y siento náuseas que me revuelven el pasado.

Me enerva la rutina del nada, este (sobre)vivir que mata, este matar la vida en el que muero. 
Muriendo en pluscuamperfecto del subjuntivo, deambulando en un constante futuro incierto.

MÚSICA PARA MIS LATIDOS.

Arrástrame. 
Destroza mis manos, la yema de mis dedos, llévame al desastre; desgarra mis huesos con las notas que salen de tu cuerpo.

Vérsame. 
Tatúa tus palabras en mi vientre, que galopen tus letras por mis venas; arranca la desidia de mi pecho, que vuelva a latirme la ilusión.



FIN.

Un barco de papel a la deriva, sin rumbo fijo, sin timón, sin remos. Sin salvavidas.
Siento que cuando sople el viento desapareceré y desaparecerá conmigo todo lo que creí cierto. Y el agua se filtrará por los recodos de mi cuerpo, corriendo por mis venas, echándole un pulso a los despojos de vida que en mí queden.


Sólo el frío llenará el vacío de esta imperecedera búsqueda que quebranta mis huesos, mis días, mis versos. Viviendo sin fin llegará mi fin, mi punto y adiós, el anochecer del invierno de mi vida.